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Nos encontramos a una Sevilla menos tumultuosa, menos
ebullante. Ahora la ciudad se va a caracterizar por la miseria, mendigos y hospitales.
El estamento eclesiástico, más que mantener su poder y riquezas lo aumenta.
Llegarán a existir un total de 6 monasterios, 36 conventos de frailes y clérigos regulares y 28 de monjas además de las 29 parroquias. El siglo XVII es la centuria de las procesiones, de las rogativas, de las hermandades de penitencia.
La febril religiosidad marcó sin duda alguna las realizaciones artísticas de estos años. Clara manifestación de ello es el gran desarrollo de la imaginería, o el que grandes maestros de la pintura fueran absorbidos por los encargos eclesiásticos, caso de Murillo, Zurbarán o Valdés Leal.
El Recorrido:
Este paseo comenzará desde el espacio que ocupó antiguamente la Puerta de la Carne, centro de una fluida actividad comercial, para terminar en otra de las antiguas puertas de la ciudad, la de Triana.
Nuestra primera visita la realizaremos al que fuera en otros tiempos primera sinagona de Sevilla, la actual Iglesia de Santa María la Blanca.
Qué mejor ejemplo para comprender la estética y gusto del sevillano del XVII, que la magnífica decoración de yeserías que los Hermanos Borja realizaron para la techumbre. Decoración que se revaloriza si tenemos en cuenta que responden a diseños del genial pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo, quién también pintó para este templo el recién restaurado
lienzo de la Ultima Cena.
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Por la calle de Santa María la Blanca alcanzaremos la primitiva casa de Miguel de Mañara, situada en el Nº 27
de Levíes, quién constituyó tanto para los sevillanos del XVII como para los de hoy en día, un ejemplo claro de caridad y dedicación con los mas necesitados. Este espíritu de religiosidad, de terror a la muerte y búsqueda del descanso divino a través de una vida ejemplar en la tierra lo vamos a ver reflejado continuamente durante este recorrido por la Sevilla Barroca.
Tras cruzar la zona residencial de esta parte de la ciudad, muy vinculada a la actividad comercial que generaba la Puerta de la Carne, a través de las calles Muñoz y Pabón o Cabeza del Rey Don Pedro, llegaremos tras cruzar la Plaza de la Alfalfa, a la antigua Plaza del Pan. La popularidad de esta plaza, repleta en mil setecientos de tenderetes para vender pan, pescados y frutas, ha quedado reflejada en la obra de diversos escritores como Camilo José
La iglesia de la Magdalena ha sido testigo durante los siglos XVII y XVIII de procesiones religiosas, recibimientos regios, autos de fe, procesiones, rogativas, etc. El interior de este templo nos mostrará los mejores ejemplos de la retablística sevillana de la época. Fruto de las devociones sevillanas del diecisiete ahora podemos contemplar devociones como la de Nuestra Señora de las Fiebres, a la que pedían protección las mujeres de la época contra las calenturas del posparto.
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